Días de olvido, días con sabor a normalidad, días que me hacen pensar que sigo siendo.
Pensé que me había enamorado, pensé que lo estaba experimentando por primera vez, pero no, quizás no sé, se me viene a la certeza un tal vez.
Debe haber sido mi gran poder de idealizar todo, para bien o para mal, siempre me hace llegar a lo peor.
Oye, no sé si es tan terrible el amar, mi realidad actual me hace pensar que no lo hice, que como dije antes "puede ser una obsesión", aunque se me es fácil pensar que sí lo hice, eso hace que me sienta más humano.
Ahora que vivo y reino en días de intenso ocupar, que ya no soy una completa piedra esperando ser cogida, que ya no soy un ser de poco ser, que ya me siento alguien que puede ayudar a un alguien más, alguien que puede hacer el tiempo al otro un poco más ameno, celebro un tipo de felicidad, probablemente una especie de tranquilidad.
Mi trabajo puede ser el mínimo, puedo ganar monetariamente el mínimo, puedo ser yo mismo el mínimo, pero la satisfacción que me produce el sentirme útil, el sentirme aporte dentro de algo es inmensamente un acierto, me llena, me hace sentirme algo "más" de lo que era; nada.
Días de madurar, días de cambio, días de individualidad, días de superación.
Me cuesta a la vez pensar que Francisco fue producto de una obesesión que nació de un espacio vacio. Me cuesta a la vez darme que cuenta que mi mente es la arma más dañina que puede existir. Que todo lo que llego a pensar o a reflexionar de alguna forma atenta contra mi seguridad.
Me debería decir que no, que ya no más, pero el momento de atacar va a volver, que estaré al acecho dentro de un tiempo más. Lo mejor que puedo hacer es mantenerme ocupado, aunque esté casi al completo en soledad, tratar de salir y cosas así.
Que me siga reinando la tranquilidad, la quiero en mi, me quiero sentir más "feliz".
miércoles, 17 de diciembre de 2014
En el ahora, de ahora
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario